21 mayo 2007

VISITAS A DOMICILIO

Hoy hemos ido a visitar a una de las chicas mayores de nuestro centro. Íbamos a comprobar los daños, dado que la atropelló un coche hace pocos días. La gente se sorprende mucho cuando pasan estas cosas, pero, teniendo en cuenta que todo el mundo camina por mitad de la calle sin ningún reparo y que el sentido de los carriles de los coches es meramente orientativo, esto es, que cuando les da la gana van en dirección contraria, pues lo sorprendente es que no pase más a menudo.

Para ir a su casa, animados que somos, hemos cogido el camino más frecuentado: el que pasa por el borde del basurero municipal de toda esta maravillosa ciudad de más de cuatro millones de habitantes. No sé si os lo había contado ya, pero el sitio donde vivo está a sólo cinco minutos del citado basurero y a poco más de diez del matadero municipal. También hay sólo un matadero para toda la ciudad. Así, según nos da el aire, respiramos un delicioso olor de carne en descomposición o, directamente, la peste de la mierda procedente de toda la ciudad. Idílico.

El ambiente en el basurero era un poco como cuando cierran los centros comerciales a las diez de la noche en Europa. Todo lleno de gente con bolsas. Sólo que aquí la gente en las bolsas lleva o plásticos, o papel o hierros, que luego venden para sacarse un dinerillo. Los niños nuestros dicen que en el basurero se encuentra de todo. Hasta niños muertos dicen que hay (esto creo -espero- que sea una leyenda urbana). Pero es verdad, se encuentra de todo, desde pases de seguridad de las Naciones Unidas hasta restos de los polvos con los que fabrican la Fanta (una especie de arcilla naranja que nuestros niños mezclan con agua para bebérsela. La arcilla ésta pertenecería a la categoría de desechos industriales, pero no hay forma de hacérselo entender), pasando por billetes de lotería híper caducados, revistas porno y cromos con estrellas del cine indio.

Pasado el basurero nos hemos metido por una serie de calles que la mayoría de la gente piensa que son lo peor de lo peor de toda la ciudad. Ya la ciudad de por sí es bastante asquerosita, o sea que el barrio este es ya como la antesala del infierno. Nos ha sorprendido la cantidad de condones usados tirados por las calles. Digo yo que a buenas horas se ponen a usarlos, dado que en el barrio se acaba antes diciendo quién no tiene Sida que quién lo tiene. En fin, más vale tarde que nunca.

Nuestra querida enferma tiene quince años y el otro día cuando volvía a su casa después de una fructífera jornada bajo nuestra tutela la embistió un taxi de estos tipo furgonetillas. Tuvo la gran suerte de que le pasó delante de un campamento militar (otra de las joyas del barrio, estamos plagados de militares) y los soldados obligaron al señor taxista a detenerse y a ayudar a la chica en cuestión y a llevarla al hospital donde le hicieron un remiendo en la frente.

La chica está bien, pero lleva la cara hecha un mapa. Se dio de morros con todo el asfalto. Hemos ido a su casa, que responde al prototipo de la mayoría de las casas de los niños del centro: una cabaña de barro con techo de latón, de aproximadamente dos metros por dos (algo más grande que una VPO, al paso que vamos). En estas casas la mayor parte del espacio lo ocupa una cama hecha de leños mal clavados, con somier de tablas excesivamente separadas para ser cómodas y un colchón de plastiquillo relleno de paja. También suele haber un armario fabricado de tal modo que no tiene ni un solo ángulo recto y cienes de cosas colgadas por las paredes para que no se mojen. Normalmente estas casas están en completa oscuridad, porque las ventanas no entran en el pensamiento local. Bueno y que construyendo con barro no es tan fácil hacer ventanas, supongo.

En estas casas hay varias cosas que siempre sorprenden (una vez más, aquí va una mítica lista):

  1. nunca sabes a ciencia cierta cuánta gente está durmiendo en la cama. Hay tal cantidad de bultos informes encima del colchón que nunca sabes lo que son bolsas, lo que son niños durmiendo o lo que es gente follando.
  2. a pesar de ser tan increíblemente pequeñas, nunca deja de salir gente de los rincones más insospechados: niños que juegan dentro del armario, o en el hueco de detrás de la puerta, o lo que aparentemente era un montón de trapos resulta que es una abuela sentada en un rincón.
  3. el almacén de la casa está debajo de la cama. Empiezan a sacar cosas y no acaban: la cafetera (no la express, la local de barro), el cubo para lavarse las manos, restos de arroz de la cena de ayer, algún gato, las medicinas que la niña está tomando... Es como un baúl de los recuerdos, porque todo parece súper viejo (hasta las medicinas que le recetaron hace dos días).


La gente, una vez que te plantas en su casa sin avisar, normalmente es bastante acogedora. Hemos echado unas risas con el incidente coche y la niña esta ha dicho que piensa pasarse toda la semana tirada en la cama porque le duele la rodilla. No sólo ella, sino toda su familia, porque el taxista que la atropelló le ha dado un dinerito (40 euros) en concepto de daños y perjuicios y supongo que esto es motivo bastante para que todos dejen de trabajar durante un tiempo. Así es la vida por aquí, relajada y feliz.


4 comentarios:

burbuja dijo...

Dos post seguidos y nos vienes pa la boa!! estoy que no quepo en mi de gozo!!

OaBy dijo...

Me ha encantado leerte! Generalmente paso de un blog cuando veo tochos enormes que leer, pero te aseguro que no he dejado que ni el móvil sonando me interrumpiera la lectura. Sigue así.

burbuja dijo...

oaby,
gracias de parte de kaktus, la escritora del post( y una de las mejores, como habrás comprobado). la tenemos en el africa, con malas conexiones de internet y no te podrá contestar.

Pitxi dijo...

Una historia alucinante kaktus!!!!